Teníamos una máquina cuando éramos jóvenes,
una máquina simple, que debía ser un portal,
que tenía que trabajar escondida en el fondo
en el hondo profundo nuestro
dónde nuestra intimidad se reencontraba.
Dicen que descomponía el tiempo,
y algunas vecinas más supersticiosas susurraban
que podía hacer del clima lo que quisiera
que podía dicen. Que todavía puede comentan.
No me acuerdo bien qué día llegó a mí vida.
Era blanca, con algunas luces, nada rimbombante,
pero era muy lindo ver cuando la mística de funcionar
te pegaba a vos en una forma de sonrisa,
que planchaba el mar, que calmaba el viento,
que limpiaba el cielo, dejando un azul celeste para mirar.
Y entonces, al activarse, trémulo de pavor me ponía bravo,
piu avanti suspiraba Almafuerte en una oración de cuidado,
con vos tan lejos de mi cubierta, con vos y un paraguas,
con vos y una tormenta de lluvia, viento y electricidad,
cósmica, imparable, rompía descomponiendo los tiempos.
El desvariar del clima, arruinando la pose de tomar sol,
estropeándole el bronceador a las boludas,
burlándose de los chicos con sus trajes de baño
que ostentan la última moda de un país que se arruina
y ahí él, en su extraña magia, los hacía trepidar.
Al funcionar, ponía todo en un paroxismo máxime,
extraños arrebatos del viejo testamento,
se ordenaban descompuestos perdonándose de tiempos,
haciéndose finalmente bien, el uno al otro,
el otro a uno. Liquidados y temblando.
Lloviendo como nunca en la vida.
Soplando como nunca en la vida.
Hacía la máquina, misteriosamente;
haciendo.
Así.
Indefectiblemente, dentro nuestro.
De modo que, como estoy en la duda de si la juventud,
esa que estábamos viviendo, nos permitirá besarnos,
y tengo un poco de miedo (miedo real, sábelo), que en la vejez no estés,
pregunto ahora, entre el desubique, la inflamación,
la irritabilidad, la intolerancia y la sublimación.
Pregunto, si es cierto que tendrás lugar para más descomposiciones,
para más besos de amor, o para besos frescos,
o para esos besos que parecía que no significaron nada,
pero que se sometieron al designo de una máquina
que tenía por virtud descomponernos en el tiempo.
Pero cómo el universo duraba un rato largo
mis galaxias se absorbieron en tus agujeros negros,
éramos los dueños de nuestro futuro
y lo sabíamos,
teníamos la máquina de descomponer tiempo.
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