Ya no hace ruido el mar,
ni en tu espalda,
ni en tus ojos,
ni en los hombros...
Misteriosamente se apagó,
dejó de sonar,
ni el tiempo lo encuentra,
ni el olvido lo suelta,
no hay entonces,
ni un sonido de romper de olas,
ni un bramido de esparcir la bruma,
ni una estela de la luna llena
esas que en tu piel, añoran,
que se parten en mil espejos
porque los viejos astros
todavía te reflejan.
De los ritmos
no ha quedado nada,
las palabras, angustiosamente,
silenciadas,
sin formato de audio compatibles
y a tu panza rodaron mil cuestiones,
otros universos nuevos, se vuelven disponibles.
y parada,
apoyada en la quieta luz,
en los únicos oídos
donde gritará aún la marea,
en tu roto de migrañas,
en tu sonrisa de luna que mengua
en tu fruncir de cejas
cuando el sonido llega,
en esos oídos
en los tuyos
con tus hombros descansados
para tus ojos despiertos
en ese solo cuerpo que formamos
se escondió el ruido del mar,
sólo porque estaba jugando
con otras cosas más tiernas
antes de merendar
a las escondidas.
martes, 8 de febrero de 2022
El ruido del mar
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