... pero compré un durazno,
y después algunos caramelos,
también una sola naranja,
que vino al cesto del mandado
como viene el viento a soplarme
el mar a la costa
tu peso a mí sistema.
... pero tomé algunas bebidas,
y eso me distrajo, olvidándome,
sin reparar en que precisaba,
todo tu amor conmigo cotidiano,
toda la fuerza y el fuego de tu baile,
toda la simpleza de tu caricia entera
toda la sintaxis de tu programación en mi sistema.
... pero corrí a buscarte como pude,
y nunca tuve la intención de lastimarte,
como no quise ver caer el kiwi ese
que compré porque pensé
que te iba a ver disfrutarlo,
aunque a ciencia cierta no sepa
si te gustaría esa fruta agria
que altera mi sensación de ansias;
... pero corrí, contra todo y con obstáculos,
corrí, contra mis propias piernas,
que sueño con hematomas, todavía,
que me cuestan apoyar siempre que pienso,
cuánto corrí que me alejé,
quizás de este sistema,
que suena perfecto en el equilibrio
de mi corazón y mi alma.
... pero podemos buscar en el horizonte
una caricia que se nos parezca
un nuevo vínculo
una nueva esperanza,
pero nada atrae la fuerza universal
esta implicación galáctica que conspira
en que te lleves de adentro mis temores
para hacer de mi sistema un lenguaje propio
... pero en la caminata, que se impuso
recorrió el mundo nuestro mundo
y todos los pasos que dimos perdieron el valor,
durazno más o menos, caramelo más o menos,
un te que se hace necesario,
un mate que no se enfría
tu mano que buscó a la mía,
y mi corazón no puede decirte todo lo que sintió.
... pero te brillaron los ojos
a causa de algún beso malogrado,
como la cosa robada esta,
que se busca, pero teme sentir rechazo
y anda todavía con errores de sintaxis en sistema
a fuerza de caramelos y duraznos,
a fuerza de amor propio
que nos mantenga lejos para siempre
de lo anquilosado.
... pero, no digas nada.
hace que el tiempo valga la pena.
Corregí los minutos perdidos,
solucionando los errores del sistema.
(mataría verte tomar mate...)
Ya sabes... El remanso viene después de desertizar la tierra. Limpiar la maleza, arar lo que quede. Y volver a sembrar es sólo el primer paso. Tiempo, largo, hasta poder sentarnos en la sombra de esos árboles de los cuales queremos comer el fruto.
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